EL HOMBRE QUE CONFIABA MUCHO EN DIOS

“Sin el silencio no se oye nada”

Había una vez un hombre que decía que confiaba mucho en Dios. Un buen día comenzó a llover y a llover, pero nuestro amigo se quedó muy confiado dentro de la casa, esperando que Dios lo salvara.


Llovió tanto que el agua llegó hasta la ventana. Pasó un hombre en un bote y le gritó: “¡sube para que te salves! Nuestro amigo le contestó que confiaba en que Dios lo salvaría. El hombre del bote se fue rasgándose la cabeza.

Pasó otro en una lancha y nuestro amigo le dijo lo mismo. Finalmente, cuando sólo tenía el techo de su casa para mantenerse a flote, paso un helicóptero le arrojo una soga. Con señas le dijo que confiaba en Dios y que el lo iba a salvar. El piloto del helicóptero se marchó extrañado. Este hombre se ahogó y fue a reclamarle a Dios diciendo que había traicionado su confianza. Dios lo miró extrañado  y le dijo: “te mandé un bote, una lancha, y un helicóptero y a ninguno te subiste. ¿Qué más querías que hiciera?”


Esta historia ilustra una realidad: 

Muchas veces esperamos de Dios manifestaciones extraordinarias y no vemos los medios sencillos que él ha puesto para la salvación. Entre estos medios destacan los sacramentos, principalmente Jesucristo “el único sacramento salvífico de Dios Padre”.


PARA REFLEXIONAR

1.- ¿El hombre reconoció  la ayuda de Dios? ¿por qué?

2.- ¿Qué medios utilizó Dios para ayudarle al hombre?

3.- ¿Cuáles son los medios que nos da Dios para ayudarnos, para salvarnos?

4.- ¿Es suficiente confiar en Dios para salvar nuestra vida? ¿Qué tenemos que hacer?


🙂 🙂 🙂 🙂 :

SOBRE LOS SACRAMENTOS

Los Sacramentos no se pueden entender sin Jesús ni separado de la Iglesia. Qué significa esto:
CRISTO es el auténtico sacramento de Dios.  Él es el origen y autor de los sacramentos. Sin Jesús, los sacramentos no tienen sentido.
LA IGLESIA: ella hace presente en la historia la Salvación de Jesús. A ella ( Iglesia) Jesús confió el cuidado y la administración de los Sacramentos para la salvación de los hombres.
Los Sacramentos de la nueva ley son siete y han sido instituidos por Cristo para la salvación de los hombres que buscan y aman a Dios.
Los Sacramentos:


*NO SON COSAS que se reciben, sino acontecimientos salvíficos que se celebran y se viven siempre en nuestras vidas. 

* SON DONES-REGALOS ESPIRITUALES Y SALVÍFICOS que Dios ofrece por amor a los hombres en su diario caminar. Dichoso el hombre que descubre, acepta y recibe este gran Tesoro.

*SON SIGNOS SENSIBLES por los cuales Dios comunica su vida, su espíritu y su gracia sobrenatural a los hombres. Estos signos, en cuanto portadores de vida y aliento divino, afectan la vida de quienes celebran.
*SON NECESARIOS para la SALVACIÓN. En ese sentido, son fuentes de redención, de liberación y de vida eterna.
*CORRESPONDEN y ACOMPAÑAN a todas las etapas-momentos de la vida del cristiano: nacimiento y crecimiento, enfermedad y curación, servicio y madurez…


LO IMPORTANTE EN LA FAMILIA

Es importante que en la relación o convivencia familiar no falte las palabras y los gestos basados en el amor, la admiración, el agradecimiento, la petición de perdón, la humildad, la escucha y el valor. Te hace bien el decir siempre desde y con el corazón:  

¡Te amo!
Ningún ser humano puede sentirse realmente feliz hasta que escucha que alguien le diga “Te Amo”. Atrévete a decirlo a la otra persona, a tu cónyuge, a tus padres, a tus hermanos, a tus hijos, si es que nunca lo has hecho, haz la prueba y verás el resultado.

¡Te Admiro!

En la familia, cada miembro tiene alguna cualidad o habilidad que merece reconocimiento. Todos, en algún momento, sentimos la necesidad de que se nos reconozca algún logro o meta alcanzada. ¿Cuándo fue la última vez que le dijiste esto a alguien?

¡Gracias!
Una necesidad básica del ser humano es la de ser apreciado. No hay mejor forma de decir a una persona que es importante lo que hace por nosotros, que expresarle un “¡gracias!”, no en forma mecánica sino con pleno calor humano.

¡Perdóname, me equivoqué!
Decir ésto no es tan fácil, sin embargo, cuando cometas un error que ofenda o perjudique a otras personas, aprende a decir con madurez: “perdóname, me equivoqué”.

¡Ayúdame, te necesito!

Cuando no podemos o no queremos admitir o expresar nuestra fragilidad o necesidad de otros, estamos en un grave problema. No te reprimas. ¡pide ayuda!, que también son muy importantes las palabras.

¡Te escucho… háblame de ti!
¿Cuántas veces le has dicho a algún miembro de tu familia: “háblame, qué te pasa?”. Tal vez muchos problemas y mal entendidos se resolverían si tan sólo escucháramos lo que nos tratan de decir.

¡ Eres Especial!

Es importante hacerles saber a tus seres queridos cuánto significan ellos para ti.
Es en nuestro hogar donde sentamos las bases para salir y enfrentar al mundo, nuestra autoestima y la de nuestros hijos requiere ser alta. Sin cariño, sin respeto, sin trabajo y sin caridad, nada positivo podemos lograr en nuestras familias. Hagamos un esfuerzo, vale la pena, algún día cosecharemos lo que hemos sembrado.
¡Disfrutemos de nuestra familia!

No juguemos el Ajedrez….

RENUNCIAR NO…

No renuncies aunque todo alrededor te empuje a ello. 
No dejes el camino a medio andar, la barca a la deriva. 
No pierdas la oportunidad de completar la palabra de tu vida, ese verbo bendito que ha sido pronunciado sobre ti y espera ser realizado.
No claudiques en ese bien que has comenzado. 


Ten el coraje de arriesgarte, el empuje para llegar hasta el final.
Abre tus ojos al momento que tienes delante para vivirlo a plenitud. 
Abrazarte a la vida con todo el ardor que se merece.


Deja caer el egoísmo que te ciega, la desesperanza que agota tus fuerzas.
Escucha el palpitar de tus ímpetus y dialoga con ellos. 
Aprende a reconocer en ti mismo la eternidad que te sostiene y que debes descubrir.
Entrégate al inmenso amor de Dios. 

Descúbrete como hijo suyo y heredero de su reino, recibe su abrazo de Padre y siéntate a su mesa. Aliméntate del pan de su amor continuo amasado con manos humanas.
Acoge el designio de vida y libertad que Él te ofrece. 

Canta agradecido a su presencia por cada oportunidad que tienes de amar, es decir, de ser tu mismo.


No renuncies, no des tregua a la vida. 
No pierdas la oportunidad de darle su pleno sentido ahora mismo.



“Nunca pero nunca renuncies a ser tu mismo por encajar en un grupo´´ 


EL GRAN MILAGRO

Cuando en mi existencia, la cruel amargura, envolvió a mi alma, en un triste penar, yo eleve plegarias, a la Virgen pura, le rogué en mis rezos, mi vida cambiar.

Le pedí con ansias, me diera el consuelo, 
que de mis pesares, pudiera encontrar, a un cariño puro, que es mi ansiado anhelo y en su encanto pueda, la dicha alcanzar.


Hoy ya mi camino, se me ha iluminado, 
he encontrado a un alma, de encanto sin par, que con su ternura mi vida ha cambiado y en mi pecho ha vuelto, la dicha a reinar.

Es un alma pura, de encanto y belleza; 
sus ojos prodigan la luz celestial, en su cuerpo hermoso de linda princesa, sus formas de diosa, lucen lo sensual.

Su voz es el canto, dulce y melodioso;

que semeja a un coro, sacro y celestial, su tono produce, la paz y alborozo; que envuelve a mi alma, luz espiritual.


Por eso a la Virgen, de amor arrobado, 
las gracias prodigo por tanta ventura, que oyendo mis rezos, me haya regalado, la mujer que ansiaba, en esencia pura. 

 De Norandino Aranda

VIVIR EN COMUNIÓN

La familia es fundamentalmente una comunidad de servicio a favor de la vida de todos los seres humanos. El vínculo familiar tiene como eje el sentido de “pertenencia-comunión”. Todos entendemos que somos “los unos parte de los otros”, de modo que lo que sucede a uno le afecta o le incumbe a los otros.


Esta pertenencia-comunión se da en tres momentos:

1.- Vivir en comunión las vivencias.
  ☺ La convivencia familiar es vivir en comunión todos los sucesos de la vida de cada uno de los integrantes de la familia. Es compartir las vivencias propias y la de los demás. Es comunicarnos unos a otros nuestras penas y alegrías, nuestros temores, sueños y esperanzas.
  ☺ La vivencia en común de todas las peripecias de la existencia, incluso de aquellas que podemos vivir a solas, eso es lo que en primer término hace a la familia.
  ☺ Sin comunicación no hay comunión. La comunicación es “biodireccional (diálogo) y exige cariño, respeto, interés en el otro. Generosidad en tiempo, confianza, lealtad… Exige apertura de uno y actitud de escucha en el otro/s.

2.- Vivir en comunión de vivencias.
  ☺ La comunicación de nuestras vivencias personales es muy importante. Pero en la familia debemos añadir experiencias vividas entre todos los de casa. Son importantes los momentos en los que disfrutamos de alguna actividad familiar. El primero y más frecuente es el momento de compartir los alimentos (momento sagrado de la familia). A estos, podemos añadir algunas más ocasionales: paseos, visitas a algún familiar, celebraciones de cumpleaños, aniversario de bodas de nuestros padres, etc.
 ☺ La misma importancia tiene el cuidado de nuestra casa. La casa es de todos y para todos…pero también arreglada por todos. Ninguno –al menos que esté imposibilitado  por una enfermedad– podrá excluirse de servir en las tareas domésticas.

3.- Vivir en comunión la diferencia de vivencia.
 ☺ Aunque formamos una misma familia, somos diferentes. Pero esto no impide que conversemos nuestras diferencias tanto de temperamento como de opciones vitales. Unidad no es uniformidad, sino diversidad. Se trata de una diversidad al servicio de la unidad, de la vida.
 ☺ La convivencia ha de saber integrar el conflicto: inevitables choques de carácter, confrontaciones y problemas de todo tipo, traspiés inesperados… La vivencia de otros y con otros se llama, en ocasiones, cruz. Pero en convivencia, hasta la cruz compartida de hace mas leve y menor.
La madura comunión en la familia es la primera e insustituible escuela de socialización, ejemplo y estímulo para las relaciones comunitarias más amplias en un clima de respeto, justicia, diálogo y amor.
 ☺ La caridad comienza por casa –decimos–, pero la caridad no se queda encerrada en ella. La familia, “célula de la sociedad”, desde la experiencia del servicio mutuo forma a los suyos como buenos ciudadanos, solidarios y responsables en la búsqueda del bien común.
 ☺ Las relaciones del amor servicial entre los miembros de la comunidad familiar están inspiradas y guiadas por la ley de la “gratuidad” que, respetando y favoreciendo en todos y cada uno la dignidad personal como único título de valor, se hace acogida, encuentro y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y solidaridad profunda.

Así como la familia tiene una función social que se inicia con el servicio de la vida y educación de sus miembros, también tiene una función eclesial que implica la formación en la fe de los discípulos de Jesús, a cuya comunidad de salvación pertenecen por el bautismo.

Reflexión Bíblica: 
A la luz del Evangelio según san Juan (17, 21-22), profundizamos:

-¿Qué pide Jesús al Padre?

-¿Para que pide Jesús que todos sean uno? 

-¿Cómo debe ser nuestra unidad? 

-Nosotros, seguidores de Jesús, ¿por qué nos debemos caracterizar? 

-Una familia cristiana, un joven cristiano, ¿qué testimonio debe dar a los demás? 

-¿Mi familia se reúne para rezar y celebrar la eucaristía? 

Porque creemos en Dios creemos también que la familia no es solo una institución natural, sino ocupa un lugar  muy importante en el Plan de Dios, tiene la misión de anunciar que Dios es familia, que es Uno y Trino a la vez, que es Amor- Comunión.

La familia es tarea de todos, es responsabilidad de todos los que vivimos bajo el mismo techo.
El sentido de pertenencia debe ser alimentado y expresado por todos los miembros de la familia. No vale la excusa de ser menores de edad. Todos estamos obligados a dar lo mejor en proporción de nuestras posibilidades.

QUIERO EL DIVORCIO


El divorcio es una de las peores situaciones por las que puede atravesar una pareja; luego de ser felices novios algunos años, dan un paso más adelante para casarse y vivir toda la vida juntos acompañándose el uno hacia el otro. Luego del pasar de los años, la relación comienza a desgastarse, las peleas comienzan a ser recurrentes, los llantos empiezan a notarse más seguidos. El dolor ha llegado, el divorcio es inminente. ¿Habrá alguna forma de salvar nuestro matrimonio? 


Comparto aquí una fabulosa y bella historia de amor, de seguro que te ayudará reflexionar mucho…
Cuando llegue a casa esa noche mientras mi esposa servía la cena, la tome de la mano y le dije: “tengo algo que decirte”. Solo se sentó a comer en silencio. Yo podía observar el dolor en sus ojos.
De pronto ya no sabía cómo abrir mi boca, pero tenía que decirle lo que pensaba: quiero el divorcio…le dije, lo más suave que pude.
Mis palabras parecieron no incomodarle, al contrario, muy tranquilamente me pregunto: ¿por qué?

Evite su pregunta con mi silencio, esto le hizo enfurecer. Tiro los utensilios y me grito: ¡no pareces hombre! Esa noche, ya no hablamos más. Ella lloraba en silencio.
Yo sabía que ella quería saber qué le había pasado a nuestro matrimonio, pero yo no hubiera podido darle una respuesta satisfactoria. Mi corazón ahora le pertenecía a Eloísa. Ya no la amaba a mi esposa, solo me daba lástima. Con un gran sentido de culpa, redacte un acuerdo de divorcio en el que le daba nuestra casa, nuestro auto y un 30% de las acciones de mi empresa. Después de leerlo ella lo rompió en pedazos. 

La mujer que había estado diez años de su vida conmigo ahora era una extraña. Me sentí mal por todo ese tiempo y energía que desperdicio conmigo. Todo eso que yo nunca le podría reponer, pero ahora ya no había marcha atrás, yo amaba a Eloísa.


Por fin mi esposa soltó el llanto frente a mí. Eso era lo que yo esperaba desde el principio: verla llorar. Verla llorar me tranquilizaba un poco, ya que la idea del divorcio que me preocupaba tanto ahora era más clara que nunca.

El siguiente día, llegue a casa muy tarde y ella estaba en la mesa escribiendo algo. Yo no había cenado, había pasado un día muy intenso con Eloísa y tenía más sueño que hambre y mejor me retire a dormir. Desperté en la madrugada, ella todavía estaba escribiendo. La verdad no me importo y solo me acomode de nuevo en cama y seguí durmiendo.

En la mañana me presentó sus condiciones para aceptar divorciarse: 
No quería nada de mí, pero necesitaba un mes, antes de firmar el divorcio. Me pidió que en ese mes tratáramos de vivir una vida lo más normal posible. Sus razones eran simples: nuestro hijo tenía unos exámenes muy importantes en este mes y no lo quería mortificar con la noticia del matrimonio frustrado de sus padres.

Esto era algo en lo que yo también estaba de acuerdo, pero había más, me pidió que me acordara como la cargue el día de nuestra boda.
Quería que cada día de este mes, la cargara de nuestro cuarto hasta la puerta de la casa……. pensé que se estaba volviendo loca. Pero decidí aceptar este raro requisito con tal de que este mes pasara sin más peleas o malos momentos.

Le platique a Eloísa de las condiciones que puso mi esposa……se rió bastante y pensó que era muy absurdo y tonto. Dijo en tono burlón: ¡no importa los trucos que se invente, tiene que aceptar la realidad que se van a divorciar! Desde que le exprese mis intenciones de divorcio mi esposa y yo no teníamos ningún contacto íntimo.

El primer día que la cargue se me hizo un poco difícil. Nuestro hijo nos vio y aplaudió de felicidad al vernos y dijo: ” papá, me da gusto que quieras mucho a mi mama”. Sus palabras me causaron un poco de dolor. Desde nuestra habitación hasta la puerta de enfrente camine como diez metros con ella en mis brazos. Ella cerró sus ojos y me dijo al oído que no le dijera al niño del divorcio. Me sentí muy incómodo, la baje y ella camino a tomar el autobús para ir a trabajar. Yo maneje solo a mi trabajo.

El segundo día fue un poco más fácil. Ella se recargo ligeramente en mi pecho. Podía oler la fragancia de su blusa. Me di cuenta que desde hace tiempo no le había puesto mucha atención a esta mujer. Me di cuenta que ya no era tan joven, había un poco de arrugas en su cara, su pelo ya mostraba canas. Ese era el precio de nuestro matrimonio. Por un minuto me pregunte que si yo era el responsable de esto.

Al cuarto día, cuando la cargue, sentí que regresaba un poco de intimidad. Esta era la mujer que me había dado diez años de su vida y tiempo.


El quinto y sexto día, me di cuenta que el sentimiento crecía otra vez. No le platique nada de esto a Eloísa. Conforme los días pasaban se me hacía mas fácil cargarla. Quizás el ejercicio de hacerlo me estaba haciendo más fuerte.

Una mañana la vi que estaba buscando un vestido para ponerse, pero no encontraba nada que le quedaba. Solo suspiro y dijo: “todos mis vestidos me quedan grandes”. Es ahí donde me di cuenta que por eso se me hacía muy fácil cargarla. Estaba perdiendo mucho peso, estaba muy pero muy delgada. De repente entendí la razón……estaba sumergida en tanto dolor y amargura en su corazón. Inconscientemente le toque la frente.

Nuestro hijo entró en ese momento y dijo: ¡Papá es tiempo que cargues a mamá!. El ver a su papá cargar a su mamá todos los días se le había hecho costumbre. Mi esposa le dio un fuerte abrazo. Yo mejor miré hacia otro lado por temor a que esta conmovedora imagen me hiciera cambiar de planes. Entonces la cargue, y empecé a caminar hacia la puerta, su mano acaricio mi cuello, y yo la apreté fuerte con mis brazos, justo como el día que nos casamos.


Pero su estado físico me causo tristeza. Ese día, cuando la cargue sentí que no me podía ni mover. Nuestro hijo ya se había ido a la escuela. La abrasé fuerte y le dije: “nunca me di cuenta que a nuestra vida le hacía falta algo así”.
Me fui a trabajar…..salte fuera de mi auto sin poner llave a la puerta. Temía que cualquier momento podría cambiar de opinión…..subí las escaleras, Eloísa abrió la puerta y le dije: “lo siento mucho, pero ya no me voy a divorciar”.

No podía creer lo que le estaba diciendo, hasta me toco la frente y me preguntó si tenía fiebre. Quite su mano de mi frente y le dije de nuevo: “lo siento Eloísa, ya no me voy a divorciar”. Mi matrimonio era muy aburrido porque ni ella ni yo supimos apreciar los pequeños detalles de nuestras vidas. No porque ya no nos amaramos. Ahora me doy cuenta que cuando nos casamos y la cargue por primera vez esa responsabilidad es mía hasta que la muerte nos separe.

Eloísa en este momento salió del shock y me dio una fuerte bofetada, y llorando cerro su puerta. Corriendo baje las escaleras y me fui de ahí. Paré en una florería, ordené un bonito ramo para mi esposa. La chica me preguntó qué le ponía a la tarjeta. Sonreí y escribí: “siempre te llevaré en mis brazos hasta que la muerte nos separe”.

Esa noche cuando llegue a casa, con las flores en mis manos y una sonrisa en mi cara, subí a nuestro cuarto…solo para encontrar a mi esposa en su cama…Cuando llego a nuestra habitación, veo todo muy tranquilo y silencioso, abro la puerta, y la encuentro recostada en la cama… Ella había muerto…Había callado la enfermedad que la consumía sin decirme nada…Ella tenía cáncer y le quedaba un mes de vida, ella me pidió que la cargara durante ese mes, solo para que nuestro hijo tuviera su último recuerdo de sus papitos juntos y felices.

PARA TU VIDA:
-Los pequeños detalles es lo que de verdad importa en una relación. No la mansión ni el carro ni las propiedades o el dinero en el banco. Estos crean un falso sentido de felicidad. 
-Mejor encuentra tiempo para ser el amigo de tu esposo o esposa. Tómense todo el tiempo necesario con esos pequeños detalles que hacen la diferencia. 
-Mucho de los fracasos en la vida le sucede a gente que no se da cuenta lo cerca que estaban del éxito cuando se dieron por vencidos.

Que tengan un feliz matrimonio.


NOTA: Si no compartes este mensaje nada te pasara, pero si decides compartirlo, quizás salves un matrimonio.

ORACIÓN DEL JOVEN: ENSÉÑAME TU CAMINO

“Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad” (Salmo 86)

Hoy te pido que me guíes, Señor. Me encuentro a veces tan confuso, tan perplejo, cuando tengo que decidir y dejar al lado una opción para tomar otra. He comprendido al fin que es mi falta de contacto contigo lo que me hace perder claridad y sobre todo cuando tengo que tomar decisiones en la vida. Pido la gracia de sentirme cerca de ti para ver con tu luz y fortalecerme con tu energía cuando llega el momento de tomar las decisiones que marcan mi paso por el mundo.
A veces son factores externos los que me confunden: qué dirá la gente, qué pensarán, qué resultará… y luego, todo ese conjunto de ambiente, atmósfera, prejuicios, modas, críticas y costumbres. No sé definirme, y me resulta imposible ver lo que realmente quiero, decirlo y hacerlo. Te ruego, Señor, que limpies y me ayudes a limpiar el aire que me rodea para que yo pueda ver claro y andar derecho.
Y más adentro, es la confusión interna que siento, los miedos, los apegos, la falla de libertad, la nube de egoísmo. Allí es donde necesito especialmente tu presencia y tu auxilio, Señor. Libérame de todos los complejos que me impiden ver claro y elegir lo que debería elegir. Dame equilibrio, dame sabiduría, dame paz. Calma mis pasiones y doma mis instintos, para que llegue a ser juez imparcial en mi propia causa y escoja el camino verdadero sin desviaciones.

Señor, guíame en las decisiones importantes de mi vida y en las opciones pasajeras que componen el día y que, paso a paso, van marcando la dirección en la que se mueve mi vida, Entréname en las decisiones sencillas para que cobre confianza cuando lleguen las difíciles. Guía cada uno de mis pasos para que el caminar sea recto y me lleve en definitiva a donde tú quieres llevarme. Amén.


EL HOMBRE VELA


“Eres totalmente libre, pero tu libertad termina donde comienza la del otro”



Había una vez un hombre llamado “Vela” que, cansado de las tinieblas que rodeaban su existencia, se quiso abrir a la luz. Eso era su ansia, su deseo, su ambición: recibir luz. Un día “la luz verdadera que alumbra a todo hombre”, llegó con su presencia contagiosa y lo iluminó, lo encendió. Y hombre “vela” se sintió feliz por haber recibido la luz que vence las tinieblas y le da seguridad a los corazones.
Muy pronto se dio cuenta de que el haber recibido la luz, constituía no solo una alegría, sino también una fuerte exigencia… Si tomó conciencia de que para que la luz perdurara en él, tenía que alimentarla desde el interior, a través de un diario derretirse, de un permanente consumirse, de un morir constante… Entonces su alegría cobró una dimensión más profunda, pues entendió que su misión era consumirse al servicio de la luz y aceptó con fuerte conciencia su nueva vocación.
A ratos pensaba que hubiera sido más cómodo no haber recibido la luz, pues en vez de un diario derretirse, su vida hubiera sido un “estar ahí”, tranquilamente. Hasta tuvo la tentación de no alimentar más la llama, de dejar morir la luz, para no sentirse tan molesto.
También se dio cuenta de que en el mundo, existen muchas corrientes de aire que buscan apagar la luz. Y a la exigencia que había aceptado, de alimentar la luz desde el interior se unió la llamada fuerte a defender la luz. De ciertas corrientes de aire que circulan por el mundo.

Más aún su luz le permitió mirar más fácilmente a su alrededor y alcanzó a darse cuenta de que existen muchas velas apagadas; unas porque nunca habían tenido la oportunidad de recibir la luz, otras por miedo a derretirse… y las demás porque no pudieron defenderse de alguna corriente de aire. Y se preguntó muy preocupado: ¿podré yo encender otras velas? Y pensando descubrió también su vocación de apóstol de la luz. Entonces se dedicó a encender velas, de todas las características, tamaños y edades, para que hubiera mucha luz en el mundo.

Cada día crecía su alegría y su esperanza, porque en su diario consumirse, encontraba por todas partes “velas”: 
velas viejas, 
     velas de hombres, 
          velas de mujeres, 
               velas jóvenes, velas recién nacidas… 
Y todas bien encendidas.

Cuando presentía que se acercaba al final, porque se había consumido totalmente al servicio de la luz, identificándose con ella, dijo con voz muy fuerte y con profunda expresión de satisfacción en su rostro:
¡CRISTO ESTA VIVO EN MI!


Para reflexionar:


1.- ¿Qué aspecto de tu vida te dicen que eres la luz para otros?


2.- ¿El análisis de tu vida (…) te da como resultado “luz o tiniebla”? ¿por qué?



LIBERTAD: libres para amar

La libertad es para crecer, para madurar, para mejorar,  para ser capaz de escoger lo mejor siempre, lo que me hace más persona, más solidario, lo que da más sentido a mi vida.
Cada uno de nosotros es responsable de su propio crecimiento y de recorrer el verdadero camino de la libertad. Hay pasos en la vida que nadie puede dar por uno, sino que es uno mismo quien debe elegir crecer y hacerse responsable y solidario o vivir desde sus (mis) caprichos.
Si entendemos la libertad como el camino de realización de nuestros propios caprichos veremos las situaciones que nos invitan a crecer en responsabilidad como amenaza a mi felicidad.

Si entendemos la libertad como el camino para crecer responsable y solidariamente, seremos críticos ante toda situación y nos preguntaremos si nos ayudan a crecer como personas o de alguna manera nos lo impiden.

Así, las dificultades exteriores son algo así como las presiones que recibimos desde fuera y que nos impiden optar y vivir por lo que queremos en el fondo. Son las presiones de la publicidad o de nuestros grupos de amigos. Por ejemplo, en el ambiente donde vivimos algunas veces nos sentimos presionados, hay bromas hacia los compañeros que nos parecen bastante crueles, hay decisiones que son tomadas por el capricho de otro… pero callamos.


Pero las dificultades más difíciles son la interiores. Como si tuviéramos miedo de ser verdaderamente libres, de ser nosotros mismos. Libertad supone pensar, ser más critico con uno mismo y con todo lo que acontece a nuestro alrededor, supone decidirse a tomar responsabilidades, a hacerse más maduro, a ser más origina.

3.- ¿De qué manera Jesús demuestra su libertad?

                   Mc 3,31-35; Mc 8,31-33; Mt 23; Lc 13, 31-32
             Mc 14,53-64; Jn 6,15; Mt 12, 11-12; Lc 13, 10-17
             Mt 6,19-24; Lc 15 (Mt 7,29); Mt 6, 33; Mt 20,20-28

4.- ¿Cómo entiendes la libertad?

5.- ¿Cuáles son las cadenas que te atan? ¿cómo te liberas de ellas?


MURIÓ EL QUE IMPEDÍA TU CRECIMIENTO


Un día, cuando los empleados llegaron a trabajar, encontraron en la puerta de entrada un enorme letrero en el que decía: “Ayer falleció la persona que impedía el crecimiento de usted en esta empresa. Está usted invitado al velorio en la sala de recepciones”.

Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus compañeros, pero después comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era el que estaba impidiendo el crecimiento de sus compañeros y de la empresa.

La agitación en la sala de recepciones era tan grande que fue necesario llamar a los de seguridad para organizar la fila en el velorio. Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación aumentaba: ¿Quién será que estaba impidiendo mi progreso, nuestra felicidad, el crecimiento de la empresa? ¡Ya sé! Debe ser ella o él.  ¡Qué bueno que el infeliz murió!!

Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma. Pues bien, en el fondo del ataúd había un espejo, cada uno se veía a si mismo…. con el siguiente letrero:


Solo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: TU MISMO.
Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida.
Tú eres la única persona que puede perjudicar tu vida, y
tú eres la única persona que se puede ayudar a sí mismo.

Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia, cuando los demás cambian, cuando cambias de lugar o de cargo, cuando el mundo cambia. ¡Tu vida cambia, cuando Tú cambias, cuando eres consciente de lo que haces, dices y piensas! Eres el único responsable de tu vida. 

Examínate… y no te dejes vencer, ni te desanimes. Pero eso sí, NO PRETENDAS:
Que las personas sean como tú quieres, sino acepta como son…
Cambiar a los demás, sino esfuérzate por cambiar tu mismo…
Tener toda la razón, sino descubre que la luz brilla en y por todos…
Ser creyente santo, sino esfuérzate por vivir coherentemente…
Ser guía y maestro, sin antes haber encontrado un horizonte seguro.
Convencer de algo que no estas convencido…
No esperes mucho de las personas que amas, sino date el gusto de dar y ofrecer…
No mires la paja que hay en tu hermano, sin haber visto antes en el tuyo…
No expliques a alguien de algo que no sabes…ni entiendes…
El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona el reflejo de sus propios pensamientos. “LA MANERA COMO TU ENCARAS LA VIDA ES LO QUE HACE LA DIFERENCIA ” (autor desconocido).


Hazte un favor, entierra a ese yo que te impide avanzar; entierra a ese yo que solo ve obstáculos; entierra a ese yo que solo ve imposibles; y deja salir a tu verdadero yo, a ese que puede ver más allá de los problemas; a ese que puede volar más allá de los retos; a ese que es capaz de soñar, más allá de sus propios sueños!

NO SABE QUÉ ES LA ALEGRÍA

“En el corazón de las personas tocadas por la envidia y el celo suceden dos cosas: la amargura y la murmuración como fruto de la amargura” (S.S. Fco.). 


Primero, la persona envidiosa, la persona celosa es una persona amarga: no sabe cantar, no sabe reír sinceramente, no sabe qué es la alegría, no sabe qué es el verdadero amor, no sabe ser buen amigo/a, no sabe disfrutar de los detalles de la vida, siempre mira lo “que tiene aquel y yo no tengo”.
Segundo, el fruto de la amargura es la murmuración. Las personas tocadas por el celo y la envidia no hacen otra cosa que murmurar, hacer chismerío, hablar mal de todos, sembrar odio, división y enemistades. Estas personas no toleran que el otro tenga algo ni sea alguien ni sea diferente o sea mejor que ellas. La solución es rebajar con el chisme y la murmuración. La solución es ponerle muchos obstáculos, hacerle la vida imposible.  
El chisme y la murmuración es el instrumento de los envidiosos, de los celosos, de los amargados, de los que se sienten menos. ¡Estos, y esto, abundan en las familias, en la sociedad, en las iglesias! Las murmuraciones y los celos destruyen a las personas, impiden la felicidad, la fraternidad, destruyen muchas cosas buenas y loables.

Con cierta perplejidad digo que cuantas cosas valiosas… cuantos proyectos, sueños y esperanzas…cuantas amistades sinceras… con la semilla de los celos y la envidia no se han destruido, no han derramado lágrimas, no han suscitado decepciones, frustraciones. 

Desterremos los celos y las murmuraciones de nuestros corazones, de nuestras comunidades, del mundo.
 ¡No más muertes, no más guerras, no más lágrimas  por los celos, las envidias, las murmuraciones y los chismeríos! No se entiende a un religioso/a, a Pastores y futuros pastores, a los cristianos/as entrampados en la envidia, en el chisme, en la murmuración y promoviendo estas cosas en los claustros, en los pasillos, en los salones, en las esquinas, en las plazas.
El verdadero discípulo -el verdadero cristiano (seguidor de Cristo)- debe inquietarse, escandalizarse, por el mal que hay en él, no por lo que advierte en los demás (Mt. 7,1-5). El Altísimo nos libre de ser “santurones”, de ser ejemplos de vida sin serlo, de creernos los mejores. Que nos ayude a no caer en la tristeza, en la amargura, en las trampas del mal.

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