Archivos Mensuales: noviembre 2015

DIOS ENAMORA EL CORAZÓN

Del santo Evangelio según San Mateo 4,18-22

El llamado a los primeros discípulos: En aquel tiempo, mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pe
dro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron”. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

Cuando el Señor viene a nuestra vida, cuando pasa por nuestro corazón, siempre te dice una palabra y también esta promesa: “¡Ve adelante… ánimo, no temas, porque tú harás esto!”.

 Esta es una invitación a la misión, una invitación a seguirlo a Él. Y cuando sentimos este segundo momento, vemos que hay algo en nuestra vida que no va, que debemos corregir y lo dejamos, con generosidad. O incluso si hay en nuestra vida algo bueno, pero el Señor nos inspira a dejarlo, para seguirlo más de cerca, como ha sucedido aquí: estos han dejado todo, dice el Evangelio. “Y arrastradas las barcas a la tierra, dejaron todo: ¡barcas, redes, todo! Y lo siguieron”

Sin embargo, Jesús no pide que se deje todo por un fin que permanece oscuro a quien ha elegido seguirlo. Al contrario, el objetivo es declarado inmediatamente y es un objetivo dinámico, Jesús jamás dice «¡Sígueme!», sin decir la misión. ¡No! “Sígueme y yo te haré esto”. “Sígueme, para esto”. “Si tú quieres ser perfecto, deja y sigue para ser perfecto”. Siempre la misión.

Nosotros vamos por el camino de Jesús para hacer algo. No es un espectáculo ir por el camino de Jesús. Vamos detrás de Él, para hacer algo, es la misión.

Promesa, petición, misión. Estos tres momentos no tienen que ver sólo con la vida activa, sino también con la oración. Mientras tanto una oración sin una palabra de Jesús y sin confianza, sin promesa, no es una buena oración.

Segundo, es bueno pedir a Cristo estar listos a dejar algo y esto predispone al tercer momento, porque no hay oración en la que Jesús no inspire algo que hacer.

Es una verdadera oración cristiana sentir al Señor con su Palabra de consuelo, de paz y de promesa; tener el valor de despojarnos de algo que nos impide ir rápidamente en su seguimiento y tomar la misión. Esto no quiere decir que después no haya tentaciones. ¡Habrá tantas! Pero, mira, Pedro pecó gravemente, renegando a Jesús, pero después el Señor lo perdonó. Santiago y Juan… pecaron de afán de hacer carrera, queriendo ir más alto, pero el Señor los perdonó”. (Homilía en Santa Marta, 5 de septiembre de 2013)

 

ESTAR-VIVIR DESPIERTO…

La llamada que Jesús nos hace a todos es:

«Levántense», anímense unos a otros. «Alcen la cabeza» con confianza. No miren al futuro solo desde tus cálculos y previsiones. «Se acerca su liberación». Un día ya no vivirán encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es su Liberador.

Pero hay modos de vivir que impiden a muchos caminar con la cabeza levantada confiando en esa liberación definitiva. Por eso, «tengan cuidado de que no se turbe la mente». No se acostumbren a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar su vida de bienestar y placer, de espaldas al Padre del Cielo y a sus hijos que sufren en la tierra. Ese estilo de vida les hará cada vez menos humanos.

«Estén siempre despiertos». Despierten la fe en sus comunidades, en sus hogares, en sus trabajos. Estén más atentos a mi Evangelio. Cuiden mejor mi presencia en medio de ustedes. No sean comunidades dormidas. Vivan «pidiendo fuerza». ¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? ¿Cómo podremos «mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre»? (Extraido de Pagola)

el vendedor de humo

A %d blogueros les gusta esto: